El poder económico y el poder político van de la mano. Si unas pocas empresas son dueñas de la IA que hace la mayor parte del trabajo, podrían ganar una influencia sobre los gobiernos, los medios y la vida cotidiana como ninguna empresa ha tenido antes. Y si los Estados pasan a depender de las empresas de IA para sus ingresos, en lugar de los impuestos de sus ciudadanos, la gente corriente podría perder parte de la fuerza que ha obligado a los gobiernos a rendir cuentas.
Por qué importa
Algunos investigadores comparan este riesgo con la «maldición de los recursos», por la que los países ricos en petróleo o minerales pueden volverse menos democráticos porque sus gobernantes ya no necesitan el consentimiento de los contribuyentes. La IA podría crear una nueva versión de ese problema si la mayor parte de la riqueza viene de las máquinas y no de las personas.
Ideas para explorar
- Política de competencia. Evitar que unas pocas empresas dominen el mercado de la IA.
- Propiedad repartida. Extender la propiedad de la IA, por ejemplo mediante fondos de riqueza ciudadanos o participaciones públicas.
- Control democrático. Dar a la ciudadanía y a los parlamentos voz sobre cómo se construyen y se usan los sistemas de IA más potentes.
- Transparencia. Exigir claridad sobre cómo usan su influencia las empresas de IA, incluidos el lobby y el gasto político.
- Asambleas ciudadanas y deliberación. Nuevas formas de que la gente influya directamente en las decisiones, como las que este proyecto quiere poner en práctica.
Preguntas abiertas
- ¿Cuánta concentración es un riesgo, y cuánta es la recompensa normal por innovar?
- ¿Es mayor peligro el de las empresas poderosas, o el de los gobiernos que usen la IA para controlar a la ciudadanía?
- ¿Cómo mantenemos viva la democracia si el sustento de menos personas depende de las decisiones del Estado sobre el trabajo?
Este pilar acaba de empezar. Comparte tus ideas en los comentarios.
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